02 de Febrero de 2026 - Boletín Nro.550
Cuando el Liderazgo se Apaga:
Recuperar la Dignidad Profesional y el Sentido de Propósito Organizacional.
"Venezuela, es Urgente Reilusionarnos como País"
Uno de los síntomas más delicados dentro de una institución es observar cómo algunos Directores o Gerentes dejan de crear, pierden iniciativa, abandonan la proactividad y se limitan únicamente a “estar” en la organización, subsistiendo de ella sin contribuir verdaderamente a su desarrollo. Cuando esto ocurre, no solo hablamos de fallas en la toma de decisiones o en el liderazgo formal; hablamos de algo más profundo y silencioso: una crisis de autoestima profesional y de sentido de propósito que rodea a estos elementos que pululan en nuestros espacios.
Desde la visión del Coaching, este fenómeno solo refleja la profunda desconexión de los líderes de área de su elemental vocación, de su propósito y de la responsabilidad que implica ejercer influencia sobre otros. El coaching invita a mirar hacia adentro y hacerse preguntas incómodas pero necesarias: ¿qué estoy aportando realmente?, ¿estoy honrando mis capacidades?, ¿estoy poniendo mis talentos al servicio del bien común o simplemente protegiendo mi comodidad? Recuperar la autoestima profesional implica volver a creer en el propio valor y entender que el liderazgo no es un cargo, sino una actitud diaria.
Desde la Gerencia, la falta de iniciativa y acción sostenida genera estancamiento, pérdida de competitividad y desgaste organizacional. Una institución no puede avanzar si quienes toman decisiones solo administran la inercia. Gerenciar es anticipar, proponer, corregir y evolucionar. Cuando un gerente deja de hacerlo, compromete no solo los resultados, sino la moral del equipo y la credibilidad del sistema. En estos casos, es necesario evaluar si existe voluntad real de transformación o si se hace indispensable un relevo que proteja la salud de la organización como un todo.
El Liderazgo, por su parte, exige coherencia entre lo que se es, lo que se dice y lo que se hace. Un líder que no cree no inspira; un líder que no actúa desmotiva; y uno que solo subsiste del sistema termina erosionando la cultura organizacional. Liderar implica cuidar el nombre propio, el profesionalismo y la huella que se deja. No se trata solo de mantener un cargo, sino de honrarlo con acciones que dignifiquen la función y aporten valor real.
Mejorar este fenómeno requiere decisiones valientes: acompañar procesos de reconexión y desarrollo cuando aún existe potencial, o actuar con firmeza cuando la resistencia al cambio amenaza el bienestar colectivo. Erradicarlo, cuando sea necesario, no es un acto de dureza, sino de responsabilidad institucional. Las organizaciones sanas protegen su propósito por encima de los intereses individuales.
Invertir en formación, evaluación honesta, conversaciones claras y una cultura de resultados es parte del camino. Pero, sobre todo, se requiere liderazgo consciente que recuerde que estar al frente de una institución no es un refugio, sino un compromiso.
Una organización crece cuando quienes la dirigen deciden volver a creer en sí mismos y en la misión que representan. El liderazgo auténtico no se conforma con subsistir: elige trascender. Como afirmó Peter Drucker, “La mejor manera de predecir el futuro es crearlo”. Hoy más que nunca, crear ese futuro exige líderes que recuperen la autoestima profesional, honren los talentos y actúen con valentía en favor del bienestar colectivo. Porque cuando el líder despierta, la organización avanza.
Recuerda, cada organización aspira a tener en ella al mejor de los líderes, pero haciendo lo que debe y tiene que hacer, hoy esperamos que ese líder seas Tú. Tenlo Presente.
Carlos Omar Delgado C.
@liderazgoentudia
Dios les Bendiga, mis Mejores Deseos y un Respetuoso Abrazo Virtual.