14 de Septiembre de 2026 - Boletín Nro.579
Información, Poder y Confianza:
"La Prueba de la Integridad".
"Venezuela, es Urgente Reilusionarnos como País"
En la vida directiva y gerencial existen activos que no aparecen en ningún balance financiero, pero cuyo valor puede ser infinitamente superior al de cualquier recurso material: la confianza, la lealtad y la ética. Un Presidente, Director o Máxima Autoridad no puede conocer personalmente cada detalle de una organización. Por ello delega. Entrega información estratégica, comparte decisiones sensibles y permite el acceso a asuntos de alta reserva a quienes considera parte de su círculo de confianza. Esa delegación no se fundamenta únicamente en la capacidad profesional; se fundamenta en la convicción de que esas personas poseen algo todavía más importante: integridad.
Pero existe una realidad que jamás debemos olvidar: detrás de cada cargo hay un ser humano. Y el ser humano tiene virtudes, pero también debilidades. Allí pueden aparecer la ambición desmedida, los intereses personales, las agendas ocultas, la búsqueda del mejor postor, la deslealtad y la tentación de utilizar información privilegiada para beneficio propio o de terceros.
Desde la perspectiva del Coaching, la pregunta fundamental no debería ser solamente: ¿qué eres capaz de hacer?, sino también: ¿quién eres cuando nadie te está observando? Porque las competencias pueden aprenderse; los conocimientos pueden adquirirse; las habilidades pueden desarrollarse. Pero la integridad se demuestra especialmente cuando aparece la oportunidad de actuar incorrectamente y, aun pudiendo hacerlo, decidimos no hacerlo. El coaching debe ayudar a construir conciencia sobre el impacto de nuestras decisiones. Cada persona que recibe confianza tiene también una responsabilidad proporcional a ella.
Desde la mirada de la Gerencia, confiar no significa abandonar los controles. Una organización madura entiende que la confianza y los mecanismos de protección deben coexistir. La información sensible debe manejarse bajo criterios claros. Las responsabilidades deben estar definidas. Los conflictos de interés deben declararse. Las decisiones relevantes deben dejar trazabilidad y deben existir mecanismos de supervisión, segregación de funciones y rendición de cuentas. Esto no significa trabajar bajo sospecha permanente. Significa comprender que un buen sistema de control protege tanto a la organización como a las personas que actúan correctamente. La gerencia responsable no construye culturas de desconfianza; construye culturas de transparencia.
Desde el Liderazgo, el desafío es todavía mayor. El líder debe aprender a confiar sin ser ingenuo y a controlar sin convertirse en desconfiado. Debe conocer suficientemente a quienes lo rodean, observar comportamientos, escuchar señales y, sobre todo, predicar con el ejemplo. Porque una organización aprende rápidamente aquello que sus líderes toleran. Si la deslealtad produce beneficios, se repetirá. Si la falta de ética queda impune terminará normalizándose. Si los intereses personales están por encima del propósito institucional, la cultura comenzará a deteriorarse. Pero también ocurre lo contrario: cuando la integridad es reconocida, cuando la palabra tiene valor, cuando los errores se enfrentan con honestidad y cuando las decisiones se toman pensando en el bien colectivo, se construye una cultura donde la confianza deja de ser una esperanza y se convierte en patrimonio organizacional.
Y aquí encontramos una verdad fundamental: la lealtad no significa encubrir errores ni defender personas por encima de la institución. La verdadera lealtad consiste en decir la verdad cuando resulta incómoda, proteger los intereses legítimos de la organización y actuar correctamente incluso cuando hacerlo tenga un costo personal. Por eso, cuando alguien ya no comparte los valores, la visión o el propósito de la organización, siempre habrá caminos profesionales para expresarlo y tomar decisiones. Lo que nunca debería hacerse es permanecer dentro de una institución utilizando la confianza recibida para perjudicarla. Los cargos son temporales. La reputación permanece. La información pasa. Las decisiones dejan huella. Y el poder cambia de manos, pero el carácter revela quiénes fuimos realmente.
Las organizaciones pueden recuperarse de una pérdida económica, de una mala decisión o de un proyecto que fracasó. Lo que resulta mucho más difícil de reconstruir es la confianza una vez que ha sido deliberadamente traicionada.
“La confianza es un puente que se construye con años de conducta y puede destruirse en un instante de ambición. Por eso, cuando recibas poder, información o responsabilidad, recuerda que no te fueron entregados para tu beneficio personal, sino para servir a un propósito mayor. Haz las cosas correctamente cuando te miren, pero sobre todo cuando nadie pueda verte; porque allí, en silencio, es donde realmente comienza la integridad.” Tenlo Presente.
@liderazgoentudia
Dios les Bendiga, mis Mejores Deseos y un Respetuoso Abrazo Virtual.