07 de Mayo de 2018
Boletín No.312
Misión Reilusión (1) …
Son
muchos
los
que en
este hermoso país se han contagiado de un entorno negativo y están perdiendo la
ilusión y no discuto sus respetadas razones, particularmente cuando a todos nos
toca de alguna u otra manera o de todas las maneras. Por ello, quiero
contagiarte de ilusión, y en este breve escrito que se hará en varias entregas
voy a darte motivos objetivos para que te reilusiones
por y con Venezuela. Comenzaré con una historia:
Una
tarde
de primavera, un viejecito disfrutaba del sonido de los pájaros sentado sobre
una piedra, junto a un pozo, en la entrada de un pequeño pueblo. A lo lejos vio
que un caminante se acercaba y se dirigía hacia él. Cuando logró distinguirlo,
observó a un hombre joven que portaba un pequeño hatillo en el que, al parecer,
llevaba sus pertenencias. Cuando se dio cuenta ya estaba delante de él, y tras
un breve saludo inició una conversación: —Este pueblo parece bonito, venía
pensando en quedarme una temporada. ¿Vive usted aquí? — preguntó el caminante.
—Sí, por supuesto —respondió el anciano—. ¿Puedo ayudarle en algo? —Pues hay
algo que me preocupa. Antes de instalarme me gustaría saber cómo es la gente
del pueblo. — ¿Cómo era la gente de los pueblos en los que usted ha vivido
hasta ahora? —se interesó el viejecito sin contestar a la pregunta. Sin apenas
pensarlo, el caminante dijo: —Pues eran personas que siempre estaban hablando
de lo mal que iban las cosas. Era gente que siempre estaba esperando que otros
les solucionaran sus problemas. Mis anteriores vecinos eran gente que no
valoraba, no agradecía, no disfrutaba de las cosas que iban bien. Era gente que
había perdido la ilusión. Rápidamente, el anciano contestó: —Aquí la gente es
igual. El caminante, desilusionado, se marchó sin apenas echar un vistazo al
pueblo ni despedirse. Esa misma tarde, unos minutos después de marcharse el
primer caminante, llegó al valle otro joven viajero. Al ver al viejecito
sentado junto al pozo, le comentó que el paraje en el que se encontraban era
precioso. El caminante le confió al anciano su intención de quedarse un tiempo
a vivir en el pueblo, pero le confesó que le preocupaba saber cómo serían sus
nuevos vecinos. El viejecito, pensando en el anterior caminante, le hizo la
misma pregunta: — ¿Cómo era la gente de los pueblos en los que ha vivido hasta
ahora?— Pues eran personas que veían la realidad con objetividad, que veían las
cosas que iban bien y las que no iban bien, pero no perdían ni un minuto en
quejarse de lo que no iba bien, sino que trabajaban para intentar arreglarlo en
la medida de sus posibilidades. Era gente que disfrutaba, que agradecía, que
valoraba lo que la vida les iba dando. Y añadió: —En los pueblos donde he
vivido, mis vecinos hacían un esfuerzo enorme por mantener la ilusión en un
entorno que en muchos momentos no era nada fácil. El viejecito, sin un atisbo
de duda, respondió rápidamente: —Pues aquí la gente es igual.
Minutos después
se acercó al viejecito un labrador empapado en sudor que estaba trabajando la
tierra unos metros más allá y le dijo bastante sorprendido: — ¿Cómo le ha dicho
usted cosas tan diferentes a los dos caminantes si le han hecho la misma
pregunta? El viejecito respondió: — Porque
cada uno va a encontrar lo que está preparado para encontrar, porque cada uno
va a ver lo que está esperando ver.
Estas
líneas son originales del gran conferencista español Luis Galindo de su libro “Reilusionrse, apasiónate por la Vida”
y que serán adaptadas en varias entregas al caso Venezuela por Liderazgo en tu
Día, esperando sean de su agrado, reflexión e influencia en su quehacer humano
y profesional.
Dios les Bendiga, mis Mejores Deseos y un Respetuoso Abrazo Virtual.
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Carlos O. Delgado C.
CEO y Management Trainer de "Liderazgo en tu Día"
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